El enunciado de una pintura pendiente.
David Nahon
Para “La hora de los rincones”.
Setiembre 2009

¿Qué es lo propio en la pintura? A veces podemos encontrar la esencia de una obra en lo inexpresado, en el movimiento entre dos puntos: el de la realidad establecida y el del deseo de encontrar una idea en este mismo escenario. El arte sucede entre esos dos puntos, como un puente que trasciende esa realidad hacia algo quizás más armónico que la tradición denomina belleza, pero que quizás sea amor. Otras veces, es nada más que el movimiento mientras acontece en sí mismo.

Es el camino y no el destino la respuesta a cualquier pensamiento en torno al arte contemporáneo.
Así, Delfina Bourse transita sobre sus cuadros, procede sobre ellos y los devasta. Su pintura es en ese sentido perfomática: Delfina interviene sobre sus cuadros físicamente. Los pinta una y otra vez, una capa sobre otra para luego gastarlos, extremarlos hasta peligrar el lienzo a desaparecer. Su pintura se inscribe en un mismo movimiento que parece eclipsarla: pinta superficie sobre superficie de pintura, abordando un final que no termina de empezar.

Y es en la mecánica de este procedimiento donde se apunta su poética. Su obra es el decir de un trabajo en progreso, casi orgánico. Inacabado y sin intención alguna de concluir.


Picasso argumentaba que cuando se empieza un cuadro, a menudo se realizan algunos hermosos descubrimientos, y que es preciso ponerse en guardia contra ellos. Incluso destruirlos y rehacerlos. Dice Picasso que cada vez que se destruye un bello descubrimiento, el artista no lo suprime realmente: lo transforma, lo condensa y le confiere mayor substancialidad. Finalmente señala que el producto final es el resultado de los hallazgos que fueron dejados de lado.

Una vez más entendemos que el arte no necesita formular una respuesta, como sí proyectar una pregunta o un espacio de afonía. A veces, la música más hermosa es la que contiene su máxima intensidad en un momento de silencio. Es posible que las imágenes que Delfina construye sucedan en dichos silencios, en los espacios vacíos entre cada plano de pintura y el próximo movimiento que inventará para reemplazarlo. Para la artista, la pintura es al mismo tiempo misterio y oportunidad. Una “delicia”, a su decir, que en su transito genera todo por lo cual vale la pena un pensamiento angustiante y no siempre feliz de ser recorrido, como es el arte. Dice Delfina: “Es esto lo que me tiene intrigada y apasionada, pensando. Finalmente, la forma que tengo de trabajar define mi pintura. El procedimiento que realizo es el que habla de lo que quiero hablar. No es planeado, y me entusiasma verme trabajando de una manera que me es mucho mas personal, encontrada, a cualquier otra que podría haber imaginado”. Posiblemente una pintura “concluida” rompería ese hechizo que produce en ella la fascinación por pintar. Porque si bien pintar un cuadro es intuir cuándo detenerse, también es consentir que tal cosa como un final jamás suceda.

La pintura también puede ser un acto de amor que ocurra mientras estamos pensando en cómo aplicar el siguiente trazo.