Tan Brillante y tan oscura
Delfina Bourse
Suplemeto Radar . Pagina 12
2015

“Tan brillante y tan oscura”
Texto para el suplemento Radar del diario Pagina 12 en la sección SOY FAN
Publicado el domingo 18 de enero de 2015

 

Muchas obras me conmovieron y me conmueven pero hay un momento y un lugar suspendido en mi memoria. Una cicatriz que marca mi relación con el arte y con mi propio trabajo como artista.

No crecí rodeada de libros de arte, ni tampoco visitaba museos los fines de semana. Si bien en mi familia existía una tradición artística en mi casa, no sé porqué, no había nada de eso.
Solo recuerdo que me gustaba mucho dibujar, tanto, que tal vez por eso, a los 7años mi abuela me regaló clases de dibujo. Las clases con Teresa eran tranquilas y me daban mucho placer.
A los quince, ya no tuve dudas. Fue algo rotundo y contundente. Quería pintar, algo casi físico se hizo presente. Ahí comenzó mi propia historia con el arte. Algo se impuso y yo tuve que darle lugar, fue inevitable.
Como esa tarde en el museo. Entrar a una sala y darme cuenta que sucedía al enfrentarme con las obras cara a cara. Había algo en la presencia física de la obra que se diferenciaba fuertemente al estudio de ellas en las reproducciones de los libros.
Me sucedió algo difícil de explicar. El artista se hacía presente en la textura de la tela, en la calidad de los materiales, que hacía que la obra se transformara en algo real, de pronto estaba metida adentro de una laguna, había humedad y algo muy espeso, un celeste profundo y tonos de azules que variaban sutilmente invitándome a nadar. Estaba adentro de ese estanque, suspendida, respirando. La distancia entre la tela y yo era mínima. Algo se manifestaba en ese momento, una presencia que permitía todo, cualquier sentimiento era posible. No existía el límite. Y nada importaba porque delante de mí tenía el infinito. Estos eran Los nenúfares de Monet.
Sigo caminando y entro a otra sala. Estaba oscura pero una luz iluminaba cada obra, en la primera me quedo quieta, casi inmóvil. Me acerco, la miro y me aproximo más, era increíble. Algo de la espesura del óleo toca una emoción. Me di cuenta que lloraba. Empiezo a recorrerla con la mirada, ese cielo cargado, todavía puedo verlo. Recuerdo todo. Los círculos azules envueltos en amarillo y blanco. Las pinceladas. Parecía que el cuadro iba armándose mientras lo miraba. Brillaba. Los aros que rodeaban la luna, el amarillo de las estrellas, todo en el cielo se movía. Una ráfaga de azules va de lado a lado. Algo latía ahí adentro. Estaba vivo y era pesado, entraba y salía. Movimiento, zigzag, revolución. Me quede mirándolo largo tiempo. Había mucho ruido, nada se quedaba quieto. ¿Cómo seguir? Si caminaba, todo se detenía, quería quedarme ahí y ser parte de esa acción. La sala seguía a oscuras pero yo parpadeaba. La luz era fuerte, y me costaba entender que lo que estaba pasando, salía de la obra. La noche estrellada de Van Gogh. Fue así.

La forma en la que decido ser artista, mi encuentro con las obras y cómo trabajo, todo parece ser una misma experiencia, algo que podría no haber pasado pero que por suerte, está pasando.